Hijo de un veterano de la Infantería de Marina de la Segunda Guerra Mundial, Mark Warner creció en un hogar de clase trabajadora. Su familia se mudaba cada pocos años, pero él siempre pudo asistir a buenas escuelas públicas. Mark fue la primera persona de su familia en graduarse de la universidad, costeando sus estudios en la Universidad George Washington mediante una combinación de trabajos y préstamos estudiantiles.
Al comienzo de su carrera, Mark Warner invirtió todos los ahorros de su vida —unos pocos miles de dólares— en la creación de una empresa. Fracasó después de seis semanas. Entonces lo intentó de nuevo, y el siguiente negocio fracasó después de seis meses.
Pero Mark no se rindió, y su tercer emprendimiento tuvo éxito: una compañía de telefonía celular en una época en la que todo el mundo todavía usaba teléfonos fijos.
Los valores que definieron los primeros años de la carrera de Mark siguen guiándose cada día en el Senado: un compromiso con la innovación, la perseverancia frente a nuevos desafíos y la convicción de que todos —independientemente de su origen— deberían tener la misma oportunidad justa que él tuvo.
